Emmet Fox
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Jesús habla - Sermón del monte

DICHOSOS LOS PUROS DE CORAZÓN

            “… porque ellos verán a Dios”.

Esta hermosa Bienaventuranza nos dice cómo hemos de llevar a cabo esta tarea suprema, y quienes la realizarán.

Estos son los “puros de corazón”. En su sentido pleno y total, la PUREZA consiste en reconocer sólo a Dios como la única Causa verdadera y el único Poder verdadero que existe. Es lo que en otras partes del Sermón se denomina “el ojo bueno”.

Noten que Jesús habla de los “puros de corazón”. La palabra “corazón” en la Biblia generalmente significa esta parte de la mente del hombre que la psicología moderna conoce bajo el nombre de “mente subconsciente”. Esto es extremadamente importante porque no basta con que aceptemos la Verdad únicamente con la mente consciente, ya que ello no pasaría de ser meramente una opinión, ha de ser aceptada por la mente subconsciente y, así, asimilada por la mente en pleno, que la Verdad podrá efectuar cambios en la vida.

            “…cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).

EL CONOCIMIENTO Y SU PRÁCTICA

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” (Proverbios 4:23).

La mayoría de las personas - y en especial las personas cultas - cuentan con gran cantidad de conocimientos que no tienen el más mínimo efecto en sus vidas, ni las mejoran. Los médicos lo saben todo acerca de la higiene pero, no obstante, a menudo manifiestan hábitos altamente antihigiénicos. Y, por otra parte, tenemos el caso de los filósofos que, aún a pesar de estar familiarizados con la sabiduría acumulada de las edades, continúan haciendo cosas insensatas en sus vidas personales.

Ahora bien, todo conocimiento de esta índole es solamente opinión o conocimiento de la cabeza, como lo denominan algunas personas. Tiene que convertirse en conocimiento del corazón - esto es, ser incorporado al subconsciente - antes que en verdad lo pueda cambiar a uno. En su esfuerzo por “reeducar al subconsciente”, los psicólogos modernos tienen la idea adecuada, si bien todavía no han descubierto la forma correcta de llevarlo a cabo, que no es otra que la Oración Científica o la práctica de la Presencia de Dios.

Jesús, por supuesto, entendía plenamente todo esto, y es por eso que hacía énfasis sobre el hecho de que tenemos que ser “puros de corazón”.

PACIFICADORES

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9).

Puede que al lector casual esta Bienaventuranza le suene como una mera generalización religiosa convencional, aún hasta como una frívola sentencia o máxima. Aquí recibimos una inapreciable lección práctica en el arte de la oración - y, recuerden, la oración es nuestro único medio de regresar a nuestra comunión con Dios. Dicho sea de paso, la Oración es la única y verdadera acción en el pleno sentido de la palabra, porque es lo único que cambia el propio carácter. Cuando en ti se da ese tipo de cambio, te conviertes en una persona diferente y, por lo tanto, por el resto de tu vida actuarás de forma diferente. Si lograras una realización importante de la Presencia de Dios, eso produciría un cambio muy grande y dramático en tu vida de manera que, en un abrir y cerrar de ojos, tu perspectiva, tus hábitos, tu vida entera cambiaría en todo aspecto. Son muchos los casos, hasta el presente, en que se ha constatado, incluyendo los que se solían llamar “conversiones”. En vista de lo radical del cambio producido por la oración, Jesús lo denominaba “nacer de nuevo”.

El punto esencial para lograr el éxito y obtener ese sentido de la Presencia de Dios es lograr algún grado de verdadera paz mental.

PAZ DEL ALMA

“La paz os dejo, mi paz os doy…no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27).

Los místicos conocían esta verdadera paz interior del alma, y la denominaban “serenidad”; y nunca se cansan de decirnos que la serenidad es el gran pasaporte a la Presencia de Dios - un mar tan pulido como el vidrio que rodea al Gran Trono Blanco. Esto no quiere decir que, a pesar de no tener serenidad, no pueda uno superar hasta las dificultades más serias a punta de oración. Pero tienes que alcanzar la serenidad antes de que puedas hacer algún progreso espiritual real; y es la serenidad, esa tranquilidad fundamental del alma, a lo que Jesús se refiere con la palabra “paz” - la paz que sobrepasa todo entendimiento humano.

Los “pacificadores” son aquellos que hacen o producen esta verdadera paz - o serenidad - en su propia alma, ya que son ellos quienes superan las limitaciones y de hecho (no sólo en potencia) se convierten en “hijos de Dios”. Esta condición mental es el objeto al cual apunta Jesús.

Por supuesto, ser un “pacificador” en el sentido acostumbrado de aplacar las peleas de otras personas es algo excelente; pero, como toda persona práctica sabe, es un papel excesivamente difícil de llevar a cabo. Sin embargo, una vez que entiendas el poder de la oración realmente serás capaz de subsanar muchas peleas de la manera correcta, probablemente sin hablar del todo. El pensamiento silencioso del Todo-Poder del Amor y la Sabiduría causará que todos los problemas se disuelvan de manera casi imperceptible. Te convertirás en un pacificador.

PERSEGUIDOS

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Gozosos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.” (Mateo 5:10-12).

Considerando lo que ya sabemos acerca del carácter esencial de la enseñanza de Jesús, es decir, que la Voluntad de Dios para con nosotros es la armonía, la paz y el júbilo, y que estas cosas se alcanzarán mediante el cultivo de pensamientos correctos - o “justos” - es esta una afirmación que no puede causar sino sorpresa. Jesús nos dice una y otra vez que “a vuestro Padre le ha placido daros el Reino” y que la manera en que habremos de recibirlo es cultivando la serenidad, o paz del alma. Nos dice que los pacificadores harán esto, y que orando en “mansedumbre” obtendrán prosperidad, heredarán la tierra, harán que su aflicción se convierta en gozo y que, de hecho, todo aquello que le pidan al Padre según lo indica esta enseñanza les será dado. Sin embargo, aquí se nos dice que es una bendición ser perseguido como resultado de vuestro recto pensar - o “justicia” -, ya que por esa causa habremos de triunfar; que es motivo para regocijarse y alegrarse al ser vituperados y perseguidos; y que los profetas y los grandes iluminados también sufrieron de estas cosas.

Sin duda que todo esto causa sobresalto, y es perfectamente entendible que así sea. Sin embargo, la persecución sólo es motivo de regocijo cuando estamos profundamente conscientes de nuestra verdadera naturaleza, nuestra verdadera inmortalidad, y sabemos que el sufrimiento de nuestro cuerpo puede trascenderse y hasta trasmutarse mediante nuestro estado de conciencia. La persecución puede ser para nosotros una condición extremadamente afortunada o bendita cuando caemos en la cuenta de que en tales momentos estamos realmente avanzando. “… sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10) es una promesa que se puede hacer realidad aquí mismo en esta tierra.

Por Emmet Fox

Grupo Metafísico de Madrid

Desde la Sede Central del Grupo Metafísico de Madrid Europa tengo el placer de darles la bienvenida a todos los que visitais esta puerta a las enseñanzas de los Maestros Ascendidos, de la edad dorada de su majestad Saint Germain y a la magistral exposición de su discípula directa, nuestra Amada Conny Méndez, cuyo legado recibimos de la mano de nuestro amigo Rubén Cedeño, para cuyo agradecimiento por su Amor, Instrucción y Amistad no conoce límites.

Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias públicamente también a las personas que componen el grupo interno que tengo el privilegio de dirigir, sin cuyo amor, buen hacer y apoyo incondicional, no podría realizar la tarea que libremente elegí en su momento, así como a todos los colaboradores que contribuyen con las conferencias e instrucciones día a día, fieles a su linea discipular y a su conciencia. 

Si en algo contribuye esta página, a la expansión de la luz, aunque sea de una persona, nos daremos por satisfechos.

por Domingo Laut Rodríguez