Rubén Cedeño
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Santísima Trinidad-Rubén Cedeño

Toda la Ciencia Espiritual del conocimiento de la “Divina Presencia de Dios” está expresada de forma sintética en el Cosmos y en el Ser Humano en la “Santísima Trinidad”, donde el Espíritu Santo es la Tercera Persona, ya que dentro de los cánones cristianos, la Santísima Trinidad se conoce como: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

El Padre es la Fortaleza, el Hijo la Sabiduría y el Espíritu Santo es el Amor. Como la Santísima Trinidad son “Tres Personas en Una”, cada una de ellas goza de las cualidades de las otras dos. Por eso es que tenemos que los tres primeros dones del Espíritu Santo son las cualidades de las Tres Personas de la Santísima Trinidad, es decir: Fortaleza, Sabiduría y Amor.

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Refugiándonos en la “Santísima Trinidad” obtendremos toda la Fortaleza; estudiándola recibiremos todo el Saber; comprendiéndola todo el Amor; contemplándola toda la Belleza; investigándola toda la Ciencia; adorándola toda la Devoción; activándola toda la Piedad.

No hay nada de lo que exista en el mundo que se escape fuera de todo el continente que envuelve con Su Presencia la “Santísima Trinidad”.

La “Santísima Trinidad” se ha conocido siempre desde que el Ser Humano existe. En la India es Shiva, Vishnu y Brahma; en Egipto es Osiris, Horus e Isis.

Dentro del Ser Humano la “Santísima Trinidad” se hipostasia en Espíritu, Alma y Cuerpo.

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La “Santísima Trinidad” está dentro de cada partícula de lo que se expresa en el microcosmos, que es el ser humano y los demás reinos de la naturaleza, también está en el magnificente e imponderable “Macrocosmos” que es el “Universo Galáctico”, que va más allá de cualquier mente humana.

“Dios es Luz” y esa “Luz” es única e indivisible, pero dentro de ella están los tres rayos primarios que son: Azul, Dorado y Rosa que son la Santísima Trinidad: El Azul, el Padre, la Fuerza; El Dorado, el Hijo, la Sabiduría; El Rosa, el Espíritu Santo, el Amor.

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El Padre contiene dentro de sí al Hijo y al Espíritu Santo. El Hijo contiene igualmente al Padre y al Espíritu Santo. El Espíritu Santo así mismo posee al Padre y al Hijo.

Esto es lo mismo que decir que la Fuerza tiene Sabiduría y Amor; que la Sabiduría posee Fuerza y Amor; y que el Amor es Fuerza y Sabiduría.

El Padre no puede actuar sin el Hijo y el Espíritu Santo; el Hijo no puede actuar sin el Padre y el Espíritu Santo; igualmente el Espíritu Santo no podría existir sin el Padre y el Hijo.

La “Santísima Trinidad” son “Tres Personas en Una”, totalmente indivisibles que gozan de una misma Adoración y Gloria.

Cada uno de los “Tres Aspectos” de la “Santísima Trinidad” es Trino. Así tenemos que la Trinidad es tres veces tres, conformando “El Poder del Tres veces Tres”, que resulta en el nueve, que es el Sagrado número de la Divinidad.

La “Santísima Trinidad” no es otra cosa que los tres rayos primarios de la Divinidad: Azul, Dorado y Rosa.

Los “Siete Dones del Espíritu Santo” son el despliegue de los “Siete Rayos” de la Divinidad. Cada Don del Espíritu Santo es séptuple por lo tanto son 49 virtudes las que desenvuelve la persona que trabaja estos maravillosos dones.

Por Rubén Cedeño

Grupo Metafísico de Madrid

Desde la Sede Central del Grupo Metafísico de Madrid Europa tengo el placer de darles la bienvenida a todos los que visitais esta puerta a las enseñanzas de los Maestros Ascendidos, de la edad dorada de su majestad Saint Germain y a la magistral exposición de su discípula directa, nuestra Amada Conny Méndez, cuyo legado recibimos de la mano de nuestro amigo Rubén Cedeño, para cuyo agradecimiento por su Amor, Instrucción y Amistad no conoce límites.

Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias públicamente también a las personas que componen el grupo interno que tengo el privilegio de dirigir, sin cuyo amor, buen hacer y apoyo incondicional, no podría realizar la tarea que libremente elegí en su momento, así como a todos los colaboradores que contribuyen con las conferencias e instrucciones día a día, fieles a su linea discipular y a su conciencia. 

Si en algo contribuye esta página, a la expansión de la luz, aunque sea de una persona, nos daremos por satisfechos.

por Domingo Laut Rodríguez