La Visitación
Valladolid 21.10.10 Estaba pasando días terribles. Sufría mucho, estaba tenso, desesperanzado, con las alas del corazón caídas. Junto a esto había terminado un periodo de más de un mes sin dar conferencias y para más colmo se me habían desaparecido totalmente los deseos de escribir y revisar libros para las ediciones de las editoriales. Era la aridez del Alma. Pasaba las mañanas mirando los techos y paredes de donde dormía sin tener una palabra en mi mente para escribir, solo contestaba las cartas que el conflicto antes mencionado merecía que se hicieran.
