Existen diversos estados de Libertad y cuando se usa esta palabra hay que estar claros a cual se está refiriendo al aplicarla. Si alguien esta preso en la cárcel por robar o matar y lo liberan dicen: “salió en Libertad”, se considera libre y es feliz por esto. En la cárcel estaba preso físicamente, pero tal vez si era un buen reclusorio, estaba libre de robar y matar, pero al salir de ella y considerarse libre, es soberano de seguir robando y matando, pero continua preso del crimen y del hurto. ¿Se comprende este asunto?.
Un estudiante espiritual siguiendo el Sendero, cumpliendo con unos preceptos que él mismo aceptó por voluntad propia, admitiendo los lineamientos de un maestro, trabajando arduamente para un Grupo Espiritual, un día se obstinó de cumplir con los preceptos, se enamoró y quiere irse con su pareja, o con los amigos de farra y como es lógico, el grupo y su preceptor hacen lo posible para que siga su vida espiritual que llevaba. Finalmente se zafa de todo, se va con los amigos, su pareja o lo que sea y comienza a predicar una espiritualidad al antojo de su escasez de conocimientos profundamente espirituales, se entrega a los designios de sus amigos, la pareja, el mundo y dice: “Al fin libre”, porque se salió del sendero que llevaba. ¿Libre de que? Sí, libre del Sendero, pero preso del mundo, la ignorancia, las guarradas de los amigos o las apetencias de una pareja.
Vamos a ver entonces cual es la real libertad. La verdadera libertad es cuando no se tienen ataduras de ningún tipo. Las ataduras las crea la personalidad con sus pensamientos, deseos y apegos. Hay ataduras a un amor, una casa, la familia, una posición económica, una apariencia y tantas cosas más. La verdadera libertad es zafarse de todo eso ¿y cómo se logra? Con una disciplina espiritual que puede parecer un acorralamiento pero es lo que libera del mundo, como el ladrón o el asesino que en la cárcel presos, están libres de seguir cometiendo hurtos y crímenes.
No se puede hablar de libertad cuando se está preso del maya, del fashion, la apariencia, la mentira, la superficialidad y aunque los que estén en esto se sientan libres, están más atados que un preso en una cárcel. La verdadera libertad sólo se obtiene cuando el estudiante espiritual se libera de la personalidad y comienza a vivir en la conciencia del Alma y su Mónada y es la libertad de la que hablan los Maestros cuando se les dice “Libre en Dios” que en sánscrito es un título muy loable y se le dice: “Jivanmukta”
Un Jivanmukta o Persona Liberada es alguien libre del círculo vicioso de nacimientos y renacimientos, apresado por Yama, el “dios de la muerte” en la “Rueda de la Vida”. La gente que se ve por allí, bebiendo, fumando, presumiendo la última moda, el auto último modelo, no están libres, están presos del “maya” o la ilusión de la vida.
Los grandes maestros, santos, monjes, yoguis y gurús son seres liberados o Jivanmuktas, que se les ve caminar por la calle, comer como cualquiera y realizar actos comunes que toda persona aparentemente hace, pero están libres de sus apetencias, apegos y distracciones. Su cuerpo emocional esta completamente reposado, su mente tranquila en Paz, es Libre.
Un estudiante espiritual hastiado de los placeres del mundo, los engaños, las estupideces de los amigos, los antojos de la pareja que tenía y las posesiones que lo entretenían, decidió un día irse a las montañas Himalayas en el Tíbet a buscar un Maestro que fuera un Jivanmukta que estuviese completamente liberado. Después de mucho andar por valles y montañas, en un lejano y solitario paraje de las altas cumbres encontró al Maestro Jivanmukta que buscaba. Pero antes de hacerse su discípulo quiso cerciorarse de si ese Maestro era realmente un hombre liberado y comenzó a hacerle ciertas preguntas. ¿Dígame maestro, usted antes de ser un Jivanmukta, follaba, se volvía loco por las mujeres, se deprimía, le gustaba vestirse a la moda y presumir ante los demás? El Maestro apacible y dulcemente le contestó con un reposado “Sí”. El estudiante, volvió a insistir con una segunda pregunta: Y ahora Maestro que usted es un Liberado, un Jivanmukta, ¿le sigue gustando follar, se sigue volviendo loco por las mujeres y se continua deprimiendo, añora vestirse a la moda y presumir ante los demás? Y el Maestro otra vez, dulce y reposadamente le volvió a contestar pero enfáticamente con un tono de voz un poco más fuerte: “Por supuesto que sí”. El estudiante consternado no podía creer que el Maestro le contestara semejante respuesta y volvió a insistir haciéndole al maestro la tercera y última pregunta. Entonces dígame respetable maestro, Si antes de ser un Jivanmukta le gustaba follar, se deprimía, le agradaba vestirse a la moda, presumir ante los demás y ahora que es un Jivanmukta sigue igual, ¿cuál es la ventaja de ser lo que es, en qué ha progresado, qué ha logrado? El maestro volviendo al estado de reposo primitivo y al tono de voz suave y profundo del principio le respondió: Sí, me sigue gustando follar, me fascinan las mujeres, me continúo deprimiendo, me agrada vestirme a la moda, presumir ante los demás, pero ya no me importa, eso no me ata, no me desvía de mi objetivo espiritual, no influye en mi pensamiento, no me hace sufrir, estoy libre de ello. El estudiante se convirtió en discípulo del Jivanmukta.
Por Rubén Cedeño
